Reseña - La Cabaña Siniestra: el ineludible trauma de una tragedia

Hace algunos años, Veronika Franz y Severin Fiala irrumpieron en el género de terror con la magnífica Dulces Sueños, Mamá, en donde la culpa y el trauma son los ingredientes principales de una sombría atmósfera.

En aquella cinta, los directores austriacos demostraron gran habilidad como guionistas para concebir una historia con giros realmente sorpresivos, así como un inusual cambio en los roles de quienes aparentemente son víctimas y victimarios.

Unos años después, la pareja está de vuelta con La Cabaña Siniestra, la cual, desafortunadamente, en lugar de llevar estas temáticas hacia nuevos horizontes, simplemente trata de replicar la misma fórmula en una situación distinta, a pesar de algunos buenos e inquietantes destellos.

Aidan (Jaeden Martell) y Mia (Lia McHugh) asimilan como pueden la separación de sus padres, pero todo empeora cuando Laura (Alicia Silverstone), su madre, protagoniza una tragedia que los destruye por completo. Richard (Richard Armitage), trata de consolarlos de todas las maneras posibles, aunque su próximo casamiento con la joven Grace (Riley Keough) no ayuda en lo absoluto.

Desconfiando de ella desde antes de los terribles acontecimientos que acaban de vivir, los hermanos descubren quién es realmente su próxima madrastra, la única sobreviviente de un suicidio colectivo de los miembros de una secta radical católica. Cuando Richard decide mandarlos a todos a una alejada cabaña en pleno invierno para que se conozcan más, la entereza y cordura de estos serán puestas a prueba.

En La Cabaña Siniestra, la tragedia es palpable en todo momento. Su sombra se extiende por doquier, afectando el estado de ánimo de los personajes, y la ya de por sí frágil dinámica familiar que Franz y Fiala presentan.

Todo es producto de un terror inteligente del que estos últimos son adeptos. Sin recurrir a lo sobrenatural o lo violento, su propuesta toma fuerza del dolor, la decepción y la no retribución afectiva. En las dos cintas en su haber, las familias llevan al límite sus emociones cuando una situación extrema despierta en sus integrantes un inesperado sentido de supervivencia, el cual puede resultar contraproducente.

En esta ocasión, el trauma es producto y proviene de un tema religioso. Por un lado, aunque Grace parece haber dejado atrás la terrible experiencia de la que fue parte cuando pertenecía a la secta, la chica siente todavía una extraña aversión y hasta temor hacia cualquier símbolo católico. Por el otro, Mia, además de seguir lastimada por lo que pasó con su madre, solloza ante una sentida duda por el destino final de su madre: "¿y si ya no puede llegar al cielo?" Sus preocupaciones son opuestas, pero ambas se encontrarán irremediablemente cuando tengan que pasar tiempo juntas.


El guión de Franz y Fiala funciona de una forma extraña. La manipulación de las duda en el espectador es su principal motor. La ambigüedad en la trama comienza a hacerse latente cuando una serie de inexplicables acontecimientos desquician rápidamente a Grace, quien sospecha que todo se trata de una broma muy pesada de los niños.

Pero cuando las cosas se ponen más serias, el oscuro pasado de Grace empieza a ser develado, dejando al descubierto viejas heridas, una profunda culpa y los estragos causados por una experiencia traumática arraigada en el pecado y la necesidad de una purificación absoluta.

La vulnerabilidad de Grace es quizá el aspecto más notable de la cinta. Keough hace un buen trabajo al proyectar la inestabilidad de una mujer en busca de una segunda oportunidad, la cual es amenazada por la desconfianza de un par de niños igual de lastimados.

Al final, la necesidad de arrepentimiento de la mujer, además de la terrible vivencia a la que ha sido sometida dentro de la cabaña, toma un giro violento que la devuelve a su niñez, y al momento exacto en el que vio a un montón de cuerpos inertes entregados, voluntariamente o no, a Dios.


Franz y Fiala continúan explorando las consecuencias de una tragedia familiar, pero La Cabaña Siniestra muestra algunas falencias en su relato. La renuencia de congeniar con Grade de parte de los niños es suficiente castigo para ella, pero lo que ocurre a continuación parece demasiado.

En Dulces Sueños, Mamá, los gemelos castigan a su madre al dudar de su identidad y compromiso maternal; pero aquí, el plan de Aidan a Mia para hacerle pasar un mal rato a Grace resulta demasiado disparatado y elaborado, además que su objetivo nunca queda claro.

Los directores dotan a su obra de una buena cantidad de simbolismos, unos más efectivos que otros. La conexión de los sucesos de la trama a la casa de muñecas de Mia parece ofrecer pistas de lo que viene a continuación, pero su literalidad resulta bastante decepcionante, sin mencionar que el recurso fue usado no hace mucho en El Legado del Diablo de una mejor manera. De hecho, el tema familiar explorado en esa película es recogido nuevamente por los austriacos, quienes imaginan también un devastador acontecimiento como el culpable de una ruptura afectiva.


También vale la pena señalar la retorcida relación entre Richard y su nueva amante, la cual surgió de una investigación periodística realizada por el primero para dar a conocer el macabro acto perpetrado en nombre de la fe, y del que Grace fue parte o víctima. La historia nunca toca este hecho, el cual sí levanta suspicacia en sus propios hijos. Pero, a pesar de un par de reproches de Aidan, el tema nunca más vuelve a ser traído a colación. 

Por otro lado, las continuas referencias religiosas son ciertamente espeluznantes, además de que refuerzan los demonios que siguen persiguiendo a una desprotegida Grace. Un oscuro cuadro en el comedor, un enorme crucifijo en el cuarto, la tonada de un órgano eclesiástico que emerge de la nada, la constante amenaza del líder de la secta en forma de recuerdos... Su presencia en la cabaña es abrumadora, tanto que la mujer pronto se encuentra nuevamente al borde del precipicio.

La Cabaña Sangrienta representa un buen esfuerzo dentro del terror inteligente, el cual propone una tortura psicológica para los protagonistas; desgraciadamente, la trama en cuestión solo expande horizontalmente las ideas que Franz y Fiala expusieron en Dulces Sueños, Mamá.

Si bien estamos ante una película con un válido discurso sobre la religión, la fragilidad mental, y la disolución familiar, varios de los conceptos no son desarrollados como uno esperaría, restándole valor a una obra notable inferior a la primera.

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