Jazmín Azul

Desde 1982, Woody Allen ha estrenado una película por año (incluso hasta dos) de manera ininterrumpida. En estas 3 décadas de carrera, que ni siquiera completan su vasta trayectoria, tanto los temas como la calidad de su trabajo ha variado notablemente. En la última etapa de este, podremos encontrar historias de amor, auto descubrimiento, celos, asesinato y hasta fantasía, centradas la mayoría en una locación europea de ensueño. Ahora, tras un paso exitoso en el viejo continente, Allen regresa a su país para presentarnos una nueva película, Jazmín Azul, la cual nos regala uno de los personajes más memorables que el cineasta haya moldeado en los últimos años.
Jasmine (Cate Blanchett), una perturbada y odiosa mujer de clase alta, se ve obligada a dejar Nueva York y mudarse a San Francisco con su hermanastra, Ginger, (Sally Hawkins) después de un desagradable incidente que la deja en bancarrota. Sin rumbo y luchando por adaptarse al austero estilo de vida de esta última su, Jasmine se da cuenta que realmente no sabe hacer nada; por tanto, para poder salir del "agujero" en el que se encuentra decide ponerse a estudiar y trabajar para poder superarse.

De manera intercalada también vamos conociendo la etapa de su vida en la que estuvo en lo más alto, todo gracias a su esposo, Hal (Alec Baldwin), un hombre que ha hecho su fortuna con todo tipo de fraudes y negocios sucios. Mientras la historia avanza vamos descubriendo cómo la relación entre Jasmine y Hal se deteriora hasta el momento en que esta finalmente se ve obligada a tomar una decisión que la dejará tal y como la encontramos al principio, totalmente desolada y sin un centavo.

Con una trama sencilla, pero contada de una manera eficaz, Allen logra captar nuestra atención desde los primeros minutos de la película. Jasmine es un personaje exquisito y las circunstancias en las que se ve involucrada alimentan cierto morbo humano, ¿qué hace alguien cuando lo pierde todo y se ve obligado a sudar y trabajar como los demás? Para la protagonista, por supuesto, no es ninguna gracia. 

Jasmine es alguien sumamente complejo. A pesar de mostrar una actitud agresiva, dura y poco tolerante, su persona es realmente frágil. El aparente control que tiene sobre todas las cosas no es más que un antifaz que ha se puesto ella misma impidiéndole ver lo que pasa a su alrededor, principalmente con la poco honorable vida que lleva su esposo. Tras vivir de un modo pasivo por un tiempo, Jasmine tiene ahora que valerse por sí misma y olvidarse de que las cosas llegarán a ella.

Es a través de flashbacks muy peculiares que conocemos el pasado de Jasmine, digo peculiares porque estos suceden las escenas del presente de una manera muy natural y con cortes abruptos, en realidad no hay ningún elemento que distinga los tiempos entre sí mas que el puro contexto en el que se desarrollan las acciones. Esto le aporta gran dinamismo a la historia y permite que la película no caiga en un cliché narrativos.



La manera en que Allen resuelve la situación resulta tan hilarante como eficaz. A pesar de la gran carga que lleva sobre los hombros, Jasmine comienza a abrirse camino y conoce al que ahora sí parece ser el hombre de sus sueños, Dwight (Peter Sarsgaard), un acaudalado, respetuoso y sobre todo honorable diplomático el cual también cae inmediatamente enamorado de ella. Sin embargo, varios cabos sueltos de su pasado volverán para atormentarla una vez más y darle nuevamente otro súbito giro a su vida.

El impacto que Jasmine causa en uno no sería posible sin la gran actuación de Blanchett, quien le aporta al personaje una chispa única y una cierta desorientación que terminan por redondear toda la caracterización.

Por otro lado, a pesar de que Ginger solo funge un papel que solo sirve para darnos a conocer todavía más aspectos de Jasmine; sus movimientos corporales, su forma de hablar y sus erráticas decisiones en cuanto al amor también son un gran acierto que nos hace soltar una que otra carcajada.

Aunque el final de la cinta no viene con una sorpresa para el espectador, la condición final de Jasmine reafirma la ironía de la trama y en lugar de que sintamos lástima por ella, Allen nos invita a apreciar la locura de Jasmine con cierta simpatía hasta el punto de ver cómo todo su pequeño y frágil mundo se desmorona.

Estamos ante una sólida obra y una de las mejores cintas que Woody Allen ha hecho en los últimos años, todo ello cortesía de una entretenidisíma historia y una formidable actuación por parte de Blanchett. Muy probablemente la veremos competir por el Óscar a mejor actriz en una semanas más.

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