Crítica - Garra de Hierro: el precio del éxito

Cuesta creer que la tragedia casi griega que azotó a los Von Erich haya sido real. Ni el guion más melodramático pudo haber imaginado lo que les ocurrió. Una vez más, la realidad supera la ficción. En Garra de Hierro (The Iron Claw, 2023) somos testigos del ascenso y caída de una de las familias de luchadores más emblemáticas de todos los tiempos, así como el precio que tuvieron que pagar en busca del éxito deportivo. Con buen tacto e interesado en el conflicto al interior, más allá de las pérdidas como tal que tuvieron que enfrentar, Sean Durkin (Martha Marcy May Marlene) nos adentra en la compleja dinámica de un grupo de individuos en la que la masculinidad exacerbada, la supresión de las emociones y alcanzar la gloria a como dé lugar fueron lo más importante, y también parte de su caída.

Garra de Hierro critica
Imagen: Access Entertainment, BBC Films, House Productions

A primera vista, estamos ante una película biográfica enfocada en el deporte, pero conforme avanza la trama, el subgénero se orienta más hacia el drama psicológico. Si bien somos testigos de las pruebas físicas que los Von Erich enfrentan para cumplir sus objetivos profesionales, lo que más le interesa a Durkin es ofrecer un vistazo a las relaciones entre los miembros de la familia, principalmente las de Jack (Holt McCallany) con sus hijos, a quienes heredó su pasión por la lucha libre, proyectando también sus derrotas personales y buscandon una segunda, tercera, cuarta, etc., oportunidad de darles la vuelta. Al final, se trata de una de esas historias sobre padres tóxicos obsesionados con ver a sus hijos cumplir sus sueños y no los de ellos.

El corazón del filme es Kevin Von Erich; Zac Efron nos regala la que es posiblemente la mejor actuación de su carrera hasta ahora con este papel. No solo impresiona con su transformación física, sino con la vulnerabilidad con la que interpreta al mayor de los hijos. "Desde que era niño, la gente decía que mi familia estaba maldita. Mamá trató de protegernos con Dios. Papá intentó protegernos con la lucha libre. Dijo que, si éramos los más duros, los más fuertes, nada podría hacernos daño. Le creí. Todos lo hicimos", declara Kevin al principio anticipando una inminente decepción. Las palabras adquieren una potencia mayor cuando vuelven al final, enmarcando el infortunio y la desolación de los Von Erich.

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Imagen: Access Entertainment, BBC Films, House Productions

Y aunque Garra de Hierro no es una cinta deportiva en el sentido estricto de la palabra, Durkin y el fotógrafo Mátyás Erdély se encargan de filmar los combates con una precisión y una crudeza espectacular. Los actores, comprometidos totalmente con sus personajes, también resultan importantísimos para, irónicamente, darle credibilidad a la ficción de la lucha libre. El trabajo de iluminación y el montaje aportan los elementos restantes para dotar de cierta acción a este intensamente dramático filme. La música de Richard Reed Parry, integrante de Arcade Fire, aunque nunca se posiciona en un primer plano, cumple al evitar acentuar el melodrama con melodías predecibles. 

Pero el enfoque absoluto en Kevin no le viene bien película todo el tiempo. Prácticamente, él es el único que goza de un desarrollo completo, y si a eso agregamos que Efron opaca por completo al resto de los personajes, nos queda un trabajo notablemente desequilibrado en ese sentido. Durkin ahonda poco tanto en el sentir de Jack como en el de sus hermanos, quienes permanecen en la periferia del relato la mayor parte. Lily James, como el interés romántico de Kevin, tampoco tiene mucho que hacer. Ni Maura Tierney, como la madre, cuyo silencio despierta una inquietud por conocer más sobre su posición acerca de la forma que el marido tenía de educar a los hijos. Esto, desafortunadamente, nunca aparece en pantalla.

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Imagen: Access Entertainment, BBC Films, House Productions

Aun así, hay algo en lo que Durkin acierta bastante, y es en abstenerse de regodearse en la tragedia de los Von Erich. En manos de otros directores, habríamos tenido una atención casi morbosa en los sucesos puntuales que poco a poco van destruyendo la familia. En Garra de Hierro, estos ocurren fuera de cuadro, pero también los de victoria, dando a entender que aquí lo importante no es ganar o perder, sino entender el daño que puede llegar a causar la masculinidad tóxica y la obsesión con el éxito. La historia, sin duda, se emparenta con Rey Richard: Una Familia Ganadora (King Richard, 2021), otra en la que un hombre decide vivir a través de sus hijas en busca de callar bocas. Sin embargo, a diferencia de esta, Durkin deja en claro que presionar demasiado lleva a un inevitable derrumbe.

Garra de Hierro está actualmente en cartelera.

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