Whiplash: el tortuoso camino hacia la perfección

¿Qué se necesita para alcanzar la grandeza absoluta? La mayoría coincidirá en que para lograr la maestría en alguna habilidad, son necesarias miles de horas de práctica, una indudable dosis de talento nato y una devoción por la ley de la selva, la supervivencia del más fuerte. El camino hacia la perfección puede convertirse también en una tortura directo hacia un callejón sin salida en donde la frustración y la resignación parecerían ser la única escapatoria. Nadie nunca dijo que sería fácil, pero es al final cuando uno debe preguntarse ¿vale la pena tanto sacrificio? Whiplash es la historia de un chico que es brutalmente puesto a prueba para ver si tiene realmente lo necesario para convertirse en el mejor en lo que hace. Con una trepidante y sumamente concisa trama, esta cinta es un contundente ejercicio cinematográfico en el que la pasión y la intensidad resultan clave para convertirla en uno de los mejores trabajos que se hayan visto en la pantalla grande en los últimos años.

Andrew Neiman (Milles Teller), es un inseguro y tímido joven que estudia en un prestigioso conservatorio neoyorquino; su meta, convertirse en el mejor baterista de jazz de toda la historia. Marginado y relegado por sus propios compañeros, Andrew se concentra única y exclusivamente en practicar. En la institución enseña un hombre llamado Terence Fletcher (J. K. Simmons), un conductor musical con un oído claramente dotado, pero con una lengua tan hiriente como un dardo envenenado. Por azares del destino, Fletcher escucha en una ocasión la práctica de Andrew, llamando su atención e invitándolo a participar en la orquesta institucional como baterista suplente. Así, Andrew pondrá a prueba su talento ante un abusivo, violento y estricto profesor que le hará preguntarse si es esto verdaderamente tiene lo que se necesita para hacer de esto su vida.
Whiplash es una de esas raras joyas que aparecen con muy poco frecuencia en los cines. Damien Chazelle, un joven director de apenas 30 años, hace su gran debut con esta producción, la cual ganó los premios importantes del Festival de Sundance del año pasado. Ahora, la cinta compite por varios Premios Óscar, entre los que destacan posibles para él por el guión y para Simmons como Mejor Actor de Reparto por su gran actuación.

¿Por dónde empezar para hablar de tan magistral obra? Por más redundante que suene, quizá sea una buena idea hacerlo desde el comienzo, esa primer escena en la que inmediatamente se pone sobre la mesa para lo que se está por venir. Muy similar a ese inicio de Birdman acompañado por la batería de Antonio Sánchez, lo primero que escuchamos es el intenso tamborileo del instrumento, alguien está tocando. Se trata obviamente de Andrew, quien desde un inicio nos damos cuenta que es alguien totalmente entregado a lo que hace. Inmediatamente después aparece Fletcher, casi de la nada, como si se tratara de un depredador acechando sigilosamente a su víctima. Su intercambio de palabras es el preámbulo de una relación complicada y sumamente compleja, la cual cambiará la vida de Andrew de una manera que nunca imaginaría. Whiplash empieza de la mejor manera posible, sin desperdiciar un segundo en absoluto y planteando rápidamente un conflicto de fuerzas entre maestro y aprendiz. Primer acierto para Chazelle, preocuparse por no dejar espacio alguno para el relleno, aquí cada toma y escena llevará la historia hacia adelante.

La construcción de los personajes es sumamente interesante y es a través de su perspectiva de la música que llegamos a conocerlos a fondo. Andrew es un devoto del jazz enfocado en su búsqueda por dominar la batería. Sin embargo, ser bueno no es suficiente para él, necesita la aprobación de alguien con la misma pasión que él, y que mejor que la de el más capacitado y venerado músico de la escuela, Terence Fletcher. Estar bajo su tutela parece ser el más grande honor que uno puede obtener en esta institución; por eso, el hecho de que Andrew haya sido invitado a su orquesta significa no solo un empujón para su vocación, sino para su auto estima, pues ahora cosas como invitar a una chica a salir por primera vez han dejado de ser fantasías. Pero claro, el mundo de la música no es sencillo y Chazelle lo sabe por las mismas experiencias que vivió antes de convertirse en director. Un día, Andrew tiene su oportunidad para ser el músico titular, pero al siguiente, sus propios demonios y la agresividad y perfeccionismo de Fletcher lo devuelven cruelmente a la realidad. No hay margen de error para él.


Tal y como dice cerca del final, Fletcher busca empujar a sus alumnos más allá de sus límites para encontrar al nuevo gran baterista de la época, lo que abre una interesante polémica: ¿cuál es la línea que distingue al bueno del excelente? ¿Hasta qué punto sus agresivos métodos pueden desalentar en lugar de alentar a sus aprendices? Para Fletcher no hay distinción, o eres el más grande o no sirves, o quieres estar en esto a pesar de todo o simplemente renuncias. Andrew se complica la existencia al tratar de entender una filosofía tan extrema como esta. ¿Será necesario renunciar a todo para alcanzar su sueño? En esta película, a nuestro protagonista se le ponen enfrente las oportunidades que ha estado buscando toda su vida, dependerá de él cuáles quiere aprovechar. Andrew abre los ojos ante ello y de pronto nos topamos con alguien que no pide prestado, que arrebata; que no pide permiso, sino que simplemente lo hace y que dice lo que piensa. Si es necesario hacerse enemigo de toda la escuela y hasta de sus pocas amistades, que así esa. Así, Fletcher y su pupilo son en realidad muy parecidos entre sí, no les importa lo que piensen los demás de ellos, es su pasión por este arte lo que les inspira a seguir adelante, cada uno con sus particulares métodos.

Las actuaciones de Teller y Simmons son sencillamente impresionantes. Si bien es la interpretación de este último como el violento e insaciable Fletcher lo que más llama la atención, es en Teller en quien recae el gran peso de la película. De manera brillante, el joven actor logra canalizar la frustración e ira de su personaje para hacerla algo creíble y que rápidamente nos deja simpatizar con él. Es obvio que Teller no fue responsable de lo que escuchamos cuando Andrew toca la batería, pero son sus gestos y movimientos detrás del instrumento lo que redondea su formidable actuación, el exacto contrapeso para la voracidad de Simmons, en quien vemos a un animal más que a un ser humano, o quizá a un humano que en realidad se muestra a sí mismo como una animal, el perfecto depredador.

La obsesión está también muy arraigada en ambos personajes. Por más obstáculos que se les pongan enfrente, la llama sigue viva en ellos, la música es su todo y no hay nada que pueda cambiarlo, ni siquiera la total frustración.

Además de lo narrativo, Whiplash cuenta con grandes recursos técnicos que la vuelven todavía más apetecible. Habrá que mencionar primero la edición, pues la rápida sucesión de imágenes y la genial manera en que se entrelazan las tomas, sobre todo en los álgidos momentos en los que Andrew toca la batería y donde sus compañeros se preparan igualmente para hacerlo con sus respectivos instrumentos. En pocas palabras, el montaje resulta fundamental para aportar la intensidad necesaria a esta obra.

Por supuesto, el aspecto sonoro juega un papel decisivo en toda esta producción. Cada golpe en los platillos, en los bombos; cada nota de las trompetas, los trombones, los bajos y los demás instrumentos están perfectamente mezclados para sumergirnos en un deleite sonoro que cualquiera puede disfrutar. Finalmente, la selección musical y el score son el complemento perfecto para una obra en la que el jazz lo es todo, un estilo de vida.

La fotografía, aunque discreta y sencilla, captura emocionantes acciones que tienen en momentos como cuando la sangre y el sudor rebotan de los platillos su mayor representación. Las tomas cerradas nos permiten vivir de cerca la tortura de Andrew cuando el umbral del dolor simplemente se ha esfumado ya de su percepción.

La cinta vale la pena totalmente, pero es la última secuencia la que se lleva todas las palmas. La batalla final entre Andrew y Fletcher se da en la más improbable de las situaciones, pero una en la que queda manifiesta la verdadera esencia del sádico profesor. Una espectacular demostración de virtuosismo se da cuando Andrew juega su última carta ante Fletcher, la cual decidirá finalmente si será el más grande de todos o si terminará como cajero en alguna cafetería. En esta secuencia, en donde destaca el espectacular solo de Andrew, se conjugan todos los factores expuestos anteriormente ejecutados a la perfección para entregarnos un memorable momento en el que el talento, la pasión y la entrega quedan expuestos cuando el joven músico se consagra con su última nota, terminando así de manera ideal una ya de por sí vibrante película.

Whiplash es claramente una de las mejores obras cinematográficas del último año, una cátedra de cómo lograr emocionar a uno y de cómo mantener la tensión en una trama por casi dos horas. Al final, esta cinta deja algo muy claro, la grandeza no es para todos, está reservada única y exclusivamente para aquellos dispuestos a ganársela con sudor, sangre y sacrificio.

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