Dos Días, Una Noche: la última batalla de la clase trabajadora

¿Cuál es la gran diferencia en sentir empatía o lástima por alguien más? Para Sandra, el personaje principal de Dos Días, Una Noche, la distinción no está del todo clara. Pedirle a sus compañeros de trabajo que tomen una difícil decisión a su favor es para ella la pérdida absoluta de su dignidad. Aunque les pida que se pongan en sus zapatos, para Sandra esto es como pedir limosna, convertirse en un mendigo que da lástima. En la última película de los hermanos Dardenne, la examinación de la clase media resulta el principal objetivo. ¿Cuáles son las prioridades de un sector social oprimido por sus superiores y que los lanzan al ruedo para que se despedacen entre ellos mismos? Dos Días, Una Noche es la titánica odisea emocional que tiene que soportar una mujer para conseguir un milagro, uno por el que ni siquiera tendría que estar luchando.

Sandra (Marion Cotillard) es una mujer y obrera que está lista para volver a su empleo en una fábrica de paneles solares tras haber sufrido de una grave depresión. Desafortunadamente para ella, el gerente se ha dado cuenta que el trabajo del que está a cargo puede ser hecho por todos los demás empleados sin requerir de la contribución de Sandra; por eso, se ha decidido hacer una votación entre todos los empleados con dos opciones: despedir a Sandra y recibir un bono de mil euros o que se quede y no recibir nada. Así, Sandra emprende junto a su esposo la difícil tarea de tratar de convencer a sus compañeros, la mayoría necesitados de dinero igual que ella, de que voten a su favor.

Como varias de las grandes obras de la filmografía de los Dardenne, Dos Días, Una Noche nos presenta una fascinante y un tanto cruel historia en el marco de la cotidianidad de la clase trabajadora europea. Sandra es víctima de la casualidad y de algo relativamente injusto. La terrible situación la ha hecho sentir vulnerable y ansiosa, pero sobretodo le ha hecho creer que no vale lo suficiente para conservar su trabajo, situación por la que deben de haber pasado no solamente miles de europeos tras la más reciente crisis económica que azotó al continente, sino cualquiera que haya tenido que decidir entre su desdicha y la de los demás. 

Durante un fin de semana, Sandra visita a casi todos sus compañeros para plantearles su predicamento y tratar de disuadirlos de que declinen la jugosa bonificación. Desafortunadamente para ella, este no es su único problema, las secuela de su depresión comienzan a manifestarse al punto de paralizarla, quitarle la voz y desalentarla totalmente al recibir la primer negativa. Aunque ella piensa que se encuentra sola y desamparada en estos duros momentos, su esposo Manu (Fabrizio Rongione) se hace presente como el apoyo moral y afectivo que Sandra desesperadamente necesita. Su relación no es sencilla, pero es una realmente honesta en donde lo más apremiante es el bienestar de Sandra, sin importa que esta se rehuse a seguir adelante, dejarse querer o incluso tener relaciones sexuales. Su esposo lo sabe, y a pesar de todo, sigue ahí amándola y haciéndole ver que no está sola.


Además del derrumbe emocional de Sandra, lo más interesante de esta cinta es la reacción de cada uno de sus compañeros ante la difícil e incómoda situación de tenerla de frente y saber por lo que está pasando. Las respuestas que la mujer consigue son tanto a favor como en contra, pero quizá lo más relevante de todo el asunto es que sus visitas nos dejan acercarnos un poco más a esta clase social trabajadora pero ahorcada por las deudas y sus propias tribulaciones. Sandra se encuentra de todo. Tenemos a un hombre sumamente atormentado por haber votado en su contra en la primera ronda y que ahora muestra total empatía, no lástima, hacía ella. Está también un padre e hijo que entran en un violento conflicto tras el cuestionamiento de Sandra, dividiendo sorpresivamente su opinión al respecto. Y están por supuesto los que no se preocupan por el dinero, sino por lo que pensarán sus compañeros si votan en contra de obtener el bono. Además de ser la historia de Sandra, esta obra nos deja ver la realidad de aquellos inmigrantes, desfavorecidos y atemorizados integrantes de una clase social manipulada por aquellos quienes están un escalón más arriba y cuyas facultades atentan contra la estabilidad de una familia común y corriente.

Dos Días, Una Noche también retrata muy acertadamente un tenso ambiente laboral en donde los rumores, los conflictos y las envidias rondan por los pasillos de la fábrica. Mientras seguimos a Sandra durante el fin de semana, nos vamos enterando que que varios de sus compañeros se le van adelantando llamando a los demás ya sea para ayudarla o perjudicarla. Aquí nadie se lo toma de manera personal, a excepción de una inmadura y agresivo joven, solo se trata de mera supervivencia.


Marion Cotillard hace un excelente trabajo como la sensible Sandra. La francesa y su gran talento histriónico son fundamentales para poder representar la condición de la protagonista, algo sumamente difícil, pues su fin de semana es una montaña rusa emocional en la que primero se encuentra rendida y resignada, pero una nueva respuesta positiva le vuelve a dar fuerzas para continuar, solo para volverse a quebrar ante la siguiente negativa. Su enfermedad hace todavía más difícil la empresa y esto queda evidenciado con las pesadillas diurnas que la despiertan mientras va en el auto, en su triste apariencia mientras camina y en las ocasiones en las que se rinde rápidamente ante el rotundo no de algunos de sus compañeros. Cotillard encarna a una mujer que no quiere pelear, que no quiere dar lástima, que no quiere incomodar a nadie más. Al final, es la compañía de su esposo y la sensación de que realmente hizo todo lo posible por quedarse con su trabajo, lo que será decisivo para su bienestar.

El desenlace, en donde Sandra es nuevamente puesta a prueba a tomar una decisión que comprometería a alguno de sus compañeros, nos habla de una mujer que ha visto muy de cerca la carga que llevan los demás, una quizá no tan pesada como la que ella lleva, pero a fin de cuentas ninguno de ellos tiene la culpa de lo que ha pasado, por más que no hayan querido entender su situación. Lo más importante es que Sandra ha descubierto que tiene la fuerza para lo que venga a continuación.

Dos Días, Una Noche es un capítulo más de esta historia social que los Dardenne han estado escribiendo con grandes obras como El Niño o El Niño de la Bicicleta, cuyos títulos tan literales reflejan esa vida cotidiana llena de trágicas historias que quedan en el olvido. Con una simple pero poderosa historia, estos grandes directores han vuelto a mostrar su enorme talento para construir complejos y convincentes personajes sometidos por la presión social y sus propios demonios.

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